IRPF
El impuesto sobre la renta de las personas físicas
Cuando una empresa te paga un sueldo, no solo te transfiere dinero a ti. También hace pagos obligatorios en tu nombre que tú no ves directamente pero que son parte del coste de tenerte como empleado.
De tu sueldo bruto se descuentan dos cosas. Por un lado, la retención del IRPF, que la empresa envía a Hacienda como adelanto de tus impuestos. El porcentaje depende de tu sueldo y situación personal: si ganas más, te retienen más. Por otro lado, tu cotización a la Seguridad Social como trabajador (aproximadamente un 6,50% de tu bruto), que la empresa ingresa en la Tesorería General de la Seguridad Social.
Pero la empresa también paga de su bolsillo un extra por ti. La cotización empresarial a la Seguridad Social es aproximadamente un 30-33% adicional (según el sector y la cotización por accidentes de trabajo) sobre tu salario bruto. Si cobras 2.000€ brutos, la empresa paga entre 600€ y 660€ más a la Seguridad Social. Tú no ves ese dinero en tu nómina, pero existe y es parte del coste total que supones para la empresa.
¿A dónde va todo ese dinero? La cotización a la Seguridad Social financia las pensiones de jubilación, las prestaciones por desempleo (el paro), las bajas por enfermedad o accidente, y la baja por maternidad o paternidad. La sanidad pública, aunque forma parte del sistema de protección social, se financia principalmente a través de los impuestos generales, no directamente de las cotizaciones. Es un sistema basado en la solidaridad intergeneracional: los que trabajan hoy pagan las prestaciones de los que las necesitan. En capítulos posteriores revisaremos la sostenibilidad del modelo de pensiones.
La retención del IRPF va a la Agencia Tributaria y financia los servicios públicos: educación, infraestructuras, seguridad, justicia, etc.